Hijo mío, si tomares mis palabras, y guardares mis mandamientos dentro de ti,
2Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría: si inclinares tu corazón a la prudencia:
3Si clamares a la inteligencia; y a la prudencia dieres tu voz:
4Si como a la plata, la buscares, y como a tesoros la escudriñares:
5Entonces entenderás el temor de Jehová; y hallarás el conocimiento de Dios.
6Porque Jehová da la sabiduría; y de su boca viene el conocimiento, y la inteligencia.
7El guarda el ser a los rectos: es escudo a los que caminan perfectamente,
8Guardando las veredas del juicio; y el camino de sus misericordiosos guardará.
9Entonces entenderás justicia, juicio, y equidad, y todo buen camino.
10¶ Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere dulce a tu alma;
11Consejo te guardará, inteligencia te conservará.
12Para escaparte del mal camino, del hombre que habla perversidades:
13Que dejan las veredas derechas, por andar por caminos tenebrosos:
14Que se alegran haciendo mal: que se huelgan en malas perversidades:
15Cuyas veredas son torcidas, y ellos torcidos en sus caminos:
16Para escaparte de la mujer extraña, de la ajena que ablanda sus razones:
17Que desampara al príncipe de su mocedad; y se olvida del concierto de su Dios.
18Por lo cual su casa está inclinada a la muerte, y sus veredas van hacia los muertos.
19Todos los que a ella entraren, no volverán: ni tomarán las veredas de la vida.
20Para que andes por el camino de los buenos; y guardes las veredas de los justos.
21Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella.
22Mas los impíos serán cortados de la tierra; y los prevaricadores serán de ella desarraigados.