Ciertamente tiempo determinado tiene el hombre sobre la tierra; y sus días son como los días del jornalero.
2Como el siervo desea la sombra, y como el jornalero espera su trabajo:
3Así poseo yo los meses de vanidad, y las noches del trabajo me dieron por cuenta.
4Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Y mide mi corazón la noche, y estoy harto de devaneos hasta el alba.
5Mi carne está vestida de gusanos, y de terrones de polvo: mi piel rompida y abominable.
6Mis días fueron más ligeros, que la lanzadera del tejedor; y fenecieron sin esperanza.
7Acuérdate que mi vida es un viento; y que mis ojos no volverán para ver el bien.
8Los ojos de los que [ahora] me ven, nunca más me verán: tus ojos serán sobre mí, y dejaré de ser.
9La nube se acaba, y se va: así es el que desciende al sepulcro, que nunca más subirá.
10No tornará más a su casa, ni su lugar le conocerá más.
11Por tanto yo no detendré mi boca, mas hablaré con la angustia de mi espíritu, y quejarme he con la amargura de mi alma.
12¿Soy yo la mar, o alguna ballena que me pongas guardia?
13Cuando digo: Mi cama me consolará, mi cama me quitará mis quejas:
14Entonces me quebrantarás con sueños, y me turbarás con visiones.
15Y mi alma tuvo por mejor el ahogamiento; y la muerte más que a mis huesos.
16Abominé la vida, no quiero vivir para siempre: déjame, pues que mis días son vanidad.
17¿Qué es el hombre para que le engrandezcas, y que pongas sobre él tu corazón;
18Y que le visites todas las mañanas, y todos los momentos le pruebes?
19¿Hasta cuándo no me dejarás, ni me soltarás hasta que trague mi saliva?
20Pequé: ¿qué te haré, oh guardador de los hombres? ¿Por qué me has puesto contrario a ti, y qué a mí mismo sea pesadumbre?
21¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? porque ahora dormiré en el polvo; y buscarme has de mañana, y no seré hallado.