Y tornó Job a tomar su parábola, y dijo:
2¡Quién me tornase como en los meses pasados, como en los días cuando Dios me guardaba!
3Cuando hacía resplandecer su candela sobre mi cabeza, a la luz de la cual yo caminaba en la oscuridad.
4Como fui en los días de mi mocedad, cuando Dios era familiar en mi tienda;
5Cuando aun el Omnipotente estaba conmigo, y mis mozos al derredor de mí;
6Cuando yo lavaba mis caminos con manteca, y la piedra me derramaba ríos de aceite;
7Cuando salía a la puerta a juicio, y en la plaza hacía aparejar mi silla:
8Los mozos me veían, y se escondían, y los viejos se levantaban, y estaban en pie.
9Los príncipes detenían sus palabras, y ponían la mano sobre su boca.
10La voz de los principales se ocultaba, y su lengua se pegaba a su paladar.
11Cuando los oídos que me oían, me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían, me daban testimonio;
12Porque libraba al pobre que gritaba, y al huérfano que carecía de ayudador.
13La bendición del que se iba a perder venía sobre mí, y al corazón de la viuda hacía cantar de alegría.
14Vestíame de justicia, y ella me vestía como un manto, y mí toca era juicio.
15Yo era ojos al ciego, y pies al cojo.
16A los menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia.
17Y quebraba los colmillos del inicuo; y de sus dientes hacía soltar la presa.
18Y decía: En mi nido moriré, y como arena multiplicaré días.
19Mi raíz está abierta junto a las aguas, y en mis ramas permanecerá rocío.
20Mi honra se renueva conmigo, y mi arco se renueva en mi mano.
21Oíanme y esperaban, y callaban a mi consejo.
22Tras mi palabra no replicaban: mas mi razón destilaba sobre ellos.
23Y esperábanme como a la lluvia, y abrían su boca como a la lluvia tardía.
24Si me reía a ellos, no lo creían; ni derribaban la luz de mi rostro.
25Aprobaba el camino de ellos, y sentábame en cabecera; y moraba como el rey en el ejército, como el que consuela llorosos.