Oíd esto todos los pueblos: escuchád todos los habitadores del mundo:
Así los hijos de los hombres como los hijos de los varones: juntamente el rico y el pobre.
Mi boca hablará sabidurías: y el pensamiento de mi corazón inteligencias.
Acomodaré a ejemplos mi oído: declararé con la arpa mi enigma.
¿Por qué temeré en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis calcañares me cercará?
Los que confían en sus haciendas, y en la multitud de sus riquezas se jactan;
Ninguno redimiendo redimirá al hermano: ni dará a Dios su rescate.
Porque la redención de su alma es de gran precio: y no se hará jamás,
Que viva adelante para siempre: y nunca vea la sepultura.
Porque se ve que los sabios mueren juntamente: el insensato y el ignorante perecen, y dejan a otros sus riquezas.
En su íntimo piensan que sus casas son eternas: sus habitaciones para generación y generación: llamaron sus tierras de sus nombres.
Mas el hombre no permanecerá en honra: es semejante a las bestias que mueren.
Este es su camino, su locura: y sus descendientes corren por el dicho de ellos. Selah.
Como ovejas son puestos en la sepultura, la muerte los pastorea; y los rectos se enseñorearon de ellos por la mañana: y su apariencia se envejece en la sepultura de su morada.
Ciertamente Dios redimirá mi vida del poder de la sepultura, cuando me tomará. Selah.
No temas cuando se enriquece alguno: cuando aumenta la gloria de su casa.
Porque en su muerte no tomará nada: ni su gloria descenderá en pos de él.
Porque mientras viviere, será su vida bendita: y tú serás loado cuando fueres bueno.
El entrará a la generación de sus padres: para siempre no verán luz.
El hombre en honra que no entiende, semejante es a las bestias que mueren.