Jehová, no me reprendas con tu furor: ni me castigues con tu ira.
Ten misericordia de mí, o! Jehová, porque yo estoy debilitado: sáname, o! Jehová, porque mis huesos están conturbados.
Y mi alma está muy conturbada: y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?
Vuelve, o! Jehová, escapa mi alma, sálvame por tu misericordia:
Porque en la muerte no hay memoria de ti: en el sepulcro ¿quién te loará?
Trabajado he con mi gemido: toda la noche hago nadar mi cama en mis lágrimas: deslío mi estrado.
Mis ojos están carcomidos de descontento: hánse envejecido a causa de todos mis angustiadores.
Apartáos de mí todos los obradores de iniquidad: porque Jehová ha oído la voz de mi lloro.
Jehová ha oído mi ruego: Jehová ha recibido mi oración.
Avergonzarse han, y turbarse han mucho todos mis enemigos: volverán, y avergonzarse han súbitamente.