Yo dije: Miraré por mis caminos, para no pecar con mi lengua: guardaré mi boca con freno, entre tanto que el impío fuere contra mí.
Enmudecí con silencio, me callé de lo bueno; y mi dolor se alborotó.
Calentóse mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego: hablé con mi lengua.
Notifícame, Jehová, mi fin, y la medida de mis días cuanta sea, sepa yo cuanto tengo de ser del mundo.
He aquí, como a palmos diste mis días, y mi edad es como nada delante de ti: ciertamente toda la vanidad es todo hombre que vive. Selah.
Ciertamente en tiniebla anda el hombre: ciertamente en vano se inquietan: allega, y no sabe quien lo cogerá.
Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está.
¶ Escápame de todas mis rebeliones, no me pongas por afrenta de insensato.
Yo enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste.
Quita de sobre mí tu llaga; de la guerra de tu mano soy consumido.
Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces desleir, como de polilla, su grandeza: ciertamente vanidad es todo hombre. Selah.
Oye mi oración, o! Jehová escucha mi clamor; no calles a mis lágrimas; porque peregrino soy contigo; advenedizo, como todos mis padres.
Déjame, y tomaré fuerzas, antes que me vaya y perezca.