Dios, desechástenos, disipástenos; airástete, vuélvete a nosotros.
Hiciste temblar la tierra, abrístela; sana sus quebraduras, porque titubea.
Hiciste ver a tu pueblo duras cosas: hicístenos beber vino de temblor.
Has dado a los que te temen una bandera que alcen por amor de la verdad. Selah.
Para que se escapen tus amados: salva con tu diestra, y óyeme.
Dios habló en su santidad: Yo me alegraré: partiré a Siquem, y mediré al valle de Socot.
Mío es Galaad, y mío es Manasés: y Efraím es la fortaleza de mi cabeza; Judá mi legislador;
Moab, la olla de mi lavatorio: sobre Edom echaré mi zapato; sobre mí triunfa, o! Palestina.
¿Quién me llevará a la ciudad fortalecida? ¿quién me llevará hasta Idumea?
Ciertamente tú, o! Dios, que nos habías desechado; y no salías, o! Dios, con nuestros ejércitos.
Dános socorro contra el enemigo, que vana es la salud de los hombres.
En Dios haremos proezas; y él pisará nuestros enemigos.