Oye, o! Dios, mi clamor; está atento a mi oración.
Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando desmayare mi corazón; a la peña más alta que yo, llévame.
Porque tú has sido mi refugio; torre de fortaleza delante del enemigo.
Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; estaré seguro en el escondedero de tus alas.
Porque tú, o! Dios, has oído mis votos; has dado heredad a los que temen tu nombre.
Días sobre días añadirás al rey: sus años serán como generación y generación.
El estará para siempre delante de Dios; misericordia y verdad apercibe que le conserven.
Así cantaré tu nombre para siempre, pagando mis votos cada día.